lunes, 13 de mayo de 2013

COCINANDO EN CASA CON CHEFFRANKITO




Cocinar  se ha convertido en un arte que ya no es del  dominio exclusivo del estereotipo del “Chef on Fire” que infunde terror a un montón de ayudantes tras bastidores en Hell´s Kitchen, sino en una forma novedosa de creatividad que apela a los cinco sentidos tradicionales:  El olfato, el tacto, la vista, el oído y el gusto,  brindándonos la belleza emocional que se disfruta cuando todos danzan al unísono con el sexto sentido.
Todo esto y más es lo que ofrece Cheffrankito, con quien tuvimos la fabulosa oportunidad de ver como se crea una paella, en tu propio ambiente, mientras conversas, te bebes un vinito y te recreas viéndolo mezclar colores, olores y sabores en una paellera, mientras más de uno persigue con la cámara captando todo el proceso, pues junto con la cocina, la fotografía se ha convertido en el hobby de nuestros tiempos, una forma de compartir con los demás el placer y la belleza de una buena comida.
Un domingo entre amigos  con Franklin Núñez Dipp, quien llegó equipado con toda su parafernalia y los ingredientes listos para comenzar enseguida la cocinadera en casa, mientras anfitriones e invitados interactuábamos en el espectáculo, degustando cervezas, vinitos y nuestras bebidas preferidas, es una de las más sabrosas experiencias que he tenido desde que estoy Juandoliando.
Se empieza por instalar la hornilla, y con el uso generoso de aceite de oliva virgen comienza a saltearse la variedad de mariscos que infundirán sabor y belleza a esta paella: camarones Black Tiger,  calamares y ostiones, que luego se sacan para darle el turno a los vegetales con su explosiva competencia de colores, sigue la mariscada base que se mezclará con el arroz, al que se le añade el fumet de poisson, y cuando rompe el hervor y empieza a secarse el líquido nuestro Chef at Home procede a colocar la corona que adorna la paella, complaciéndose en su diseño, como lo hace un pintor con su paleta de colores, que en este caso son los rosados camarones que contrastan con la oscura coraza de los ostiones y los tonos beige de la masa de los calamares.
Perteneciente a una familia de artistas, en las distintas expresiones del arte como han sido los Núñez del Risco, Frankito ha elegido la cocina para expresar su talento  y creatividad, especializándose en platos ideales para festividades temáticas, como es usual hoy en día, sushi, tacos y parrilladas, pero también dispuesto a complacer tu imaginación con lo que pidas por tu boca, si lo llamas para reservar tu día a los teléfonos 809 545-4809, 809 910-9882, y también lo puedes contactar en FB a tuchefhome y seguirlo en twitter @cheffrankathome y @tuchefhome y en Instagram cheffrankathome.

domingo, 14 de abril de 2013

EN EL CUMPLE DE ISA




Desde que abrió sus ojitos y nuestras miradas se encontraron, supe que su almita milenaria ya había compartido otras vidas con la mía.
Pude interiorizar mis emociones en la sala de partos, porque era la segunda vez que asistía  como simple espectadora a un paritorio, ya que hasta entonces solo conocía el rol de protagonista cuando nacieron mis cuatro hijos.
La primera fue cuando nació mi otra Isabel, a la que le decimos Mumy,  para distinguirla de mi nieta Isabel Cookie; y una galletica dulce es lo que ha sido para mí durante su corta vida que pronto alcanzará la docena de años.
El caso es que cuando Mumy nació, su mamá, mi comadre querida, quiso que la acompañara durante el parto, y allí se mezclaron mis risas con lágrimas y mocos y pujos involuntarios tratando de ayudar a nacer ese milagrito que le regaló la Virgen y que con los años ha devenido en una jovencita dulce y bondadosa como su mami.
Para cuando nació Isa,  ya era veterana en asistencia a partos y todo transcurrió de manera sublime:  Mi hija como siempre extraordinaria siguiendo  al pie de la letra las instrucciones aprendidas, para que la respiración adecuada ayudara el proceso, por algo se graduó Summa Cum Laude, porque en aplicación a lo que estudia nadie le gana.
Y como en ambos partos los papás se volvieron un disparate de nervios, me tocó recibir entre mis brazos ese ángel que ha sido y será siempre Isa en mi vida.
Isa, la niña tierna que  recién nacida me regaló su primera sonrisa.  Isa, a quien tuve el privilegio de mecer por largas horas para dormirla y darle la leche que su mami, tras extraer de sus senos, guardaba en biberones para ella cuando tuvo que irse a trabajar.  Isa, que le puso el apodo a Titón,  cuando señaló la foto del abuelo repitiendo la onomatopeya que oía cuando éste se sentaba o levantaba de su sillón reclinable.  Isa por la que su abuelo dejó para siempre el cigarrillo cuando le dijo que sus dedos olían feo.
Y supe a ciencia cierta que ha vivido muchas vidas cuando siendo una niñita de apenas cuatro años, salió conmigo a pasear a la luz de la luna en las montañas, donde íbamos a menudo de vacaciones y mirando hacia el cielo suspiró trastocando la palabra:  ¡Jabaracoa, cuántos recuerdos!
Isa, que cuando su hermanito nació con problemas de salud por su prematuridad, le tocó compartir las angustias de su mami, por lo que en la próxima Navidad se sentó en las piernas de Santa Claus y mientras los demás niños pedían juguetes, ella solo le pidió que sanara a Manuel.
Pocos meses más tarde me diría muy seria que cuando ella fuera grande también quería tener sus nietecitos.  Yo le contesté:  Pero, ¡Isa!...antes de tener nietos debes tener hijos, a lo que ella me dijo:  Si, pero quiero tener mis nietecitos.  Y sentí muy profundo su agradecimiento por mi amor de abuela.
Tanto, que como  le gustaba dormir  entre nosotros  prendida a mis espaldas, y para aliviarme traté de convencerla de que en lugar de a mí le clavara sus coditos a Titón,  tratando de convencerla de que  el abuelo también es una abuela, que si lo veía distinto es porque durante el día usaba un disfraz de hombre que se quitaba bajando un zipper que tiene en la espaldas, lo que solo hacía por las noches cuando todos dormían y nadie lo veía. Su mami horrorizada me pidió que no le confunda la niña. 
Pero esos son del tipo de secretos que comparto con mis nietas que saben que,  por las noches,  a la luz de las estrellas es posible volar con la imaginación si usamos polvos de hadas, pues hubo un tiempo en que su abuela era novia de Peter Pan en el reino de Neverland.
El verano pasado, cuando se marcharon todos los primos, aprovechó que su hermano también se había ido con su papá, para pedirme muy seria que le permitiera dormir una última vez entre nosotros, compartiendo con sus abuelos solo para ella.
En esta primavera Isabel cumplirá una docena de añitos y la niñita chubby se ha convertido en una jovencita alta y espigada como una rama de bambú, que cuando camina mecida por el viento va dejando a su paso el dulce susurro de su alma. 
Y ruego a lo Alto la llene de bendiciones, y que en las noches, cuando volemos juntas,  formemos caritas en el cielo usando las estrellas como ojitos en una carita sonriente con boquita de luna nueva.


jueves, 11 de abril de 2013

BUSCANDO A RICITOS DE ORO




Valeria sospecha que en cualquier momento Ricitos de Oro puede llevarse sus biberones, porque ya va siendo hora de que los deje y así se lo prometió a su mami,  para que no le pase como al Osito, al que,  tras acostarse en su cama, Ricitos le rompió la sillita y le comió su avena.  Así que le prometí que trataría de hablar con ella para negociar que le deje los biberones hasta que cumpla los seis años, que será en octubre próximo.
Como toda abuela que se jacte de serlo, quise cumplir mi promesa, por lo que sube que te sube, me fui a la montaña ya que según los rumores  habían visto una cabecita dorada en el Restaurante Aubergine que está en Cambita.
Subiendo, subiendo y subiendo al fin llegué a lo alto del monte donde está ubicada esta casita de cuentos de hadas que aparece de pronto en medio de la neblina, rodeada de vegetación, en un camino bordeado con  miles de florecitas amarillas,  de las que parecen flores del sol enanas y que crecen silvestres, ¡no se te ocurra cortarlas porque enseguida mueren!
La gente friolenta debe ir bien abrigada,  porque la temperatura varía considerablemente de la que nos vemos obligados a soportar en la ciudad, producto de haber sustituido los verdes árboles por torres grises y de todos los colores y zoológicos de metal con aviesos animales que espantan los niños.
En lo que esperaba a la Ricitos, quise beberme un vinito, con lo que además de calentarme me puse a tono para sostener la seria conversación en la que le prometí a Valeria conseguiría unos cuantos meses más de gracia,  en lo que se acostumbra a desprenderse de sus bibes.
La picadera de salchichas muy a tono con el ambiente alemán de los cuentos,   pero no pueden faltar las berenjenas que le dan el nombre al sitio, y que cocinan de muchas maneras, todas ricas.
Terminamos el almuerzo con un exótico helado de aguacate bañado con mermelada de berries porque en este escondite en la montaña no dudo se den cita otras amiguitas  de Ricitos como la Fresita y todas las que se inspiran en estas frutillas para darle color y olor a sus atuendos.
Finalmente logro conversar con la traviesa Ricitos de Oro, que estaba aparentemente muy tranquila sentada esperándome en un sofá, debajo de la escalera a la entrada de la casita, pero rodeada de amenazantes dragones, dispuestos a lanzar llamas, pero ante mi firme promesa de entregar los biberones de Valeria, acordamos que  en octubre vendrán a celebrar su cumpleaños  y ¿quién sabe?, el final de las historias ha ido variando con el tiempo pero a mi niña hermosa le deseamos que sean siempre felices.

miércoles, 3 de abril de 2013

EL CIRCULO



Juandoliando,  me he hecho fan de las TED Talks, y la más reciente que he escuchado,  más allá de ser un  motivo de reflexión, le ha dado sentido a mi afán actual:  Escribir las memorias de mi infancia.
Resulta que en la conferencia que llamó El Tercer Acto, Jane Fonda nos habla de cómo, al llegar a los sesenta, se ha dedicado a investigar y escribir sobre la revolución de la longevidad, ya que hoy en día vivimos en promedio treinta y cuatro años más que nuestros bisabuelos, es decir toda una segunda vida de adulto;  y de revisar el pasado para perdonar y perdonarnos y entender que muchas cosas de las que nos sentimos culpables, no fueron culpa nuestra,  depende que podamos ser más felices en esta etapa de nuestras vidas.
Producto de sus reflexiones, compara la vida, no con un arco, metáfora según la cual nacemos, llegamos a la cima y decrecemos en la decrepitud de la vejez vista como una patología,   sino  al contrario ver esta oportunidad como un potencial, si comparamos nuestros últimos años con una escalera para la ascensión del espíritu humano, pues éste es lo único que está libre de la ley universal de la entropía, por lo que puede seguir ascendiendo hacia la plenitud, la autenticidad y la sabiduría.
Como dice Jane Fonda, no por idealizar el envejecimiento, sobre el cual no hay garantía de que sea un tiempo para disfrutar y desarrollarse, y yo añado que particularmente no lo es en un país como el nuestro en que, con los ingresos disminuidos o en cero para los que se nos ha negado la oportunidad de adquirir una pensión habiendo trabajado toda nuestra vida de adultos, en  la vejez se  nos hace muy difícil y costoso - por no decir imposible - contar con un seguro médico, y donde aunque existe una ley que exime de impuesto (IPI) a los adultos de más de 65 años con una sola vivienda, la aplicación de esta ley, como nos está pasando a nosotros hoy en día, resulta que es arbitraria y solo la aplica la DGII si le da la gana, lo cual es prácticamente nunca;  pero en el mundo civilizado esta garantía de disfrute  es cuestión de suerte y también genética. 
La buena noticia es que la genética solo influye en una tercera parte, por lo que hay dos terceras partes de probabilidades a favor, y esos dos tercios dependen de lo que hagamos para que estos años añadidos sean todo un éxito y marquen una diferencia positiva. Así que con estos dos tercios se lleva ventaja a la perspectiva según la cual  se ve el vaso medio lleno o medio vacío, dependiendo de si somos optimistas o pesimistas.
Así que regresar al pasado para estudiar y conocer mis primeros dos actos, es lo que,  como aconseja Jane,  me propongo hacer escribiendo mis memorias.  ¿Quién era yo en realidad?,  no aquella que mis padres u otras personas me dijeron que era o me trataron como si lo fuese.  Sino ¿quién era yo?  ¿Quiénes eran mis padres – no como padres -  sino como personas?  ¿Quiénes eran mis abuelos? ¿Cómo trataron a mis padres? Este tipo de cosas.
Tal vez el propósito central del tercer acto, como lo llama la actriz,  y que yo  para aterrizarlo a la realidad de los que solo somos actores del teatro de la vida,  prefiero llamar El Último Cuplé, en recuerdo de la famosa película de Sarita Montiel - sea que aunque generalmente nos empecinamos en afirmar que las reacciones negativas a los acontecimientos y personas del pasado se convierten en  mañas viejas que no se pueden cambiar,  si volvemos atrás y cambiamos nuestra relación  con las personas y acontecimientos del pasado, las vías neuronales pueden cambiar. Y si somos capaces de tener sentimientos más positivos sobre el pasado, esto se convierte en la nueva norma.  Lo cual la lleva a hacer una metáfora diciendo que equivale a reiniciar un termostato, pues lo que nos hace sabios no es tener experiencias, sino reflexionar sobre las experiencias que hemos tenido.  Porque además, nos ayuda a ser íntegros, nos trae sabiduría y autenticidad.   Y nos ayuda a convertirnos,  como dice la canción,  en lo que pudo haber sido y no fue.













domingo, 24 de marzo de 2013

EL ARTE DE LEER VARIOS LIBROS AL MISMO TIEMPO




No recuerdo exactamente cuál fue el primero que cayó en mis manos, pero imagino que sería un silabario de la colección El Sembrador,  porque nací antes de que se publicara el Nacho Dominicano,  en el que aprendieron a leer mis hijos y también mis nietos,  y que ahora me entero se lo están robando en el comercio porque los padres se lo encuentran caro y es por eso que los comerciantes lo encierran bajo llave.  En opinión de algunos, trescientos pesos son mucho para un libro cuando sirven para comprar un par de litros de ron.
Lo que sí recuerdo son algunas de sus lecturas, porque pasada la etapa del silabeo,  que aprendí con una profesora a quien solo conocíamos como La Doña, con un método muy sui géneris que consistía en intercalar la “u” entre  consonantes y vocales -  mua, mue, pua, pue…y así aprendíamos a leer - me encantaban las pequeñas historias que contenía ese Libro Primero de Lectura, y  junto a las famosas fábulas de Esopo, se me ha quedado grabada la del niño que imitando a su amigo Rafaelito le dio por intervenir en la conversación de los adultos para corregir lo que la mamá decía:  -¡Así no es, mamá!  Hasta que un día la mamá le dijo:  ¡Pues, díselo tú Rafaelito! y el niño, avergonzado, bajó la cabeza y aprendió la lección.
El caso es que me tocó leer muchos clásicos griegos,  porque eso era lo que más había en la biblioteca de mi papá, y libros de santos como la Vida de María Goretti, porque era lo que más había en los colegios de monjas en que los que estuve interna algunos años.
Pero luego,  leía cuánto caía en mis manos, desde las famosas tiras cómicas o historietas  ilustradas a los que le decíamos paquitos,  incluyendo los que publicaban los diarios:  Educando a Papá, Trucutú, Popeye, Mandrake el Mago y su amada Narda,   hasta alguna novela rosa de Corín Tellado que estuvieran leyendo mamá o mis hermanas mayores.  A lo que nunca pude entrarle fue a las famosas novelitas de vaqueros,  que hicieron su agosto en los años sesenta, tanto que  había gente que hasta las coleccionaba, como Don Enrique, el papá de Sonia, una amiga de infancia, que como se pasó la vida heredando nunca dio un golpe ni de karate y su ocupación más seria consistió en leer las susodichas novelitas, para lo cual todos los días tras levantarse y ser atendido a cuerpo de rey por su esposa Doña Mirín, procedía muy juicioso a enfrascarse en su lectura.
Por mi parte, yo no discriminaba, lo importante era leer y leer, a todas horas, hasta en el momento de las comidas en familia,  por lo que me gané más de un regaño,  y todavía de noche aunque fuera con un foco bajo las sábanas, cuando se apagaban las luces y me ordenaban dormir.  La lectura es para mí como una droga, por eso,  cuando estoy desesperada con el síndrome de abstinencia,   he llegado hasta leer las etiquetas de los frascos de productos de aseo personal en el baño.
Ya adulta he tenido mis libros preferidos aunque también he llegado a comprender que un tema no te cala hasta que no llega el momento para que te guste o lo entiendas.  ¿Será por eso que no he podido pasar de las primeras páginas de El Péndulo de Foucald?  También me pasa con la mayoría de los libros de autoayuda tan famosos hoy en día, pues cuando lo intento me asombra la capacidad que tienen sus autores de darle vueltas y mil vueltas a la misma idea, sin que al final lleguen a convencerme, quizá el secreto es que los terminan siendo ayudados son ellos mismos con la cantidad de dinero que llegan a recaudar con su venta.
Hay libros que, cuando los comienzas, simplemente no te puedes despegar y así he llegado a releerlos una y otra vez porque simplemente me niego a decirle adiós a sus ideas o personajes.  Es por eso que creo que los buenos libros son los que mientras más viejos y más lees, más te gustan.
Otras veces comienzo una lectura enamorada del libro,  pero si cometo el error de abrir otro, las palabras que me susurra al oído me obligan a compartir amores como una amante infiel y voy intercalando páginas de más de uno.
Lo que tiene de bueno este método es que me permite visitar en un mismo día lugares tan dispares como la laberíntica y decadente Venecia, vagando por sus calles con la Deyanira Alarcón de Antonio Gala, o de repente encontrarme en el culo del mundo para beberme un tecito compartiendo con los chilenitos de la isla de Chiloé, al que me invita la Maya de Isabel Allende, viajar en el tiempo leyendo las Memorias de Adriano que escribió Marguerite Yourcenar pero tradujo Cortázar sin que ninguno de los dos haya vivido en la Roma antigua de los Césares, aunque quizá sea cierto lo de que la gente reencarna, sin contar que al mismo tiempo leo en mi Kindle “How to deliver a Ted Talk”, a ver si algún día, después de agotar las diez mil horas de práctica como han hecho todos los que han sobresalido en algún arte o destreza,  puedo dar una conferencia de dieciocho minutos con el tema “Cómo leer cien libros al mismo tiempo”.


sábado, 23 de febrero de 2013

EL BOSQUE ENCANTADO DONDE VIVE EL COCODRILO LECTOR Y EL MURCIÉLAGO ENAMORADO




Como su mami tuvo que ir a San Pedro me tocó hacer de nana de Valeria, tiempo que aprovechó para narrarme la última de sus historias que escuché fascinada, interrumpida a veces por la necesidad de atender el guiso que dejó Titón en la estufa con encargo de que lo vigilara.
-Mama, escucha mi nuevo cuento- dice Valeria, mientras da vueltas por la habitación sin dejar de ver los muñequitos.
La nana de la princesa (porque claro, ese es su mundo, y en todos sus cuentos hay princesas), le leyó el cuento del bosque encantado, así que esa noche, ella hizo su maleta y le dijo a su mami que se iba a pasear, pero realmente se fue al bosque encantado…(y esto último me lo dice secreteado).
-Pero, Valeria, ¡las princesas no hablan mentiras!
-Es que fue en sueños Mama, ella fue con la imaginación.  El caso es que cuando llegó al bosque encantado se encontró con el Totodrilo  y estaba muy sucio y olía feo polte no tenía agua para bañarse, y la princesa se lo llevó a su casa para  te se bañara y le puso perfume.  Entonces regresaron al bosque encantado polte la princesa tenía te buscar su maleta y en el camino se encontraron al murciélago llorando polte había perdido su esposa.  La princesa le dijo:  Ven nosotros te ayudamos a buscarla.
-Pensé que los murciélagos volaban Valeria ¿cómo entonces lo acompañaron la princesa y el Cocodrilo?
-Sí, sí, el volaba y la princesa y el totodrilo iban caminando, caminando hasta que encontraron la esposa del murciélago y cuando la vio se puso muy contento y el totodrilo se quedó en su casa leyendo un libro.
-Yo pensaba Valeria que  como el cocodrilo vive en el agua, entonces se le moja el libro.
-No Mama, ese totodrilo no tenía agua, por eso tenía que bañarse en casa de la princesa, el totodrilo le gusta mucho leer libros, todos los cuentos los lee el totodrilo, y los murciélagos vivieron felices para siempre.
En eso bajo a la cocina porque por poco se quema la comida y en lo que resuelvo, “oigo” a Valeria muy calladita, así que cuando subo de nuevo a la habitación la encuentro con toda la boca pintarreteada, entro al baño y me encuentro con mi pintalabios rosado echado a perder y tollo por donde quiera.  No puedo evitar explotarme de la risa.  En el intento por borrar las huellas del desastre Valeria usó wipes y se le tiñeron de rosado las manos.  Al ver que me rio y vengo con la cámara a tirar la foto, llora porque piensa que se lo voy a contar a su mami.
Le prometo que no y le hago el cuento de cuando Javi, su primo usó todo un frasco de mis burbujas preferidas para bañarse, y fue tanta la espuma que hizo en la bañera que subía hasta el techo,  me asusté muchísimo porque no lo encontraba perdido en la espuma.  Valeria entonces se ríe pero me pide que no se lo diga a su mami, y ese es nuestro primer secreto.  Cumplí mi promesa y no se lo dije a su mami pero lo subo al FB que es lo mismo que contárserlo a todo el mundo.


martes, 19 de febrero de 2013

CUANDO MUERE LA TARDE


Cuando salgo a caminar por las tardes, aunque mi objetivo es hacer ejercicio para combatir los efectos de la vida sedentaria, aprovecho para comulgar con la naturaleza y detener mi vista en detalles, que con la prisa, la mayoría de las veces no miramos.
Es así como disfruto con la suave brisa que me acaricia el pelo, del sonido de las aves que deleita el oído, los olores a grama, a flores o a tierra mojada que arrastra el viento,  y como es la hora en que el sol dice adiós haciendo brillar con más intensidad sus últimos destellos del día, observo asombrada su reflejo dorado en las copas de los árboles, en los techos de las casas y hasta en las telarañas de algún arbusto.    
Es un momento sagrado en que me siento una con el universo creación de  Dios y también con la obra de los hombres,  porque esta despedida que hace el astro rey antes de morir la tarde, la he visto manifestada también  en el interior de algunas de las casas, en la mía y la de algunos amigos.
Los que tenemos cristales por donde entra la luz del sol antes de acostarse, podemos asistir maravillados  al espectáculo con que se luce diciendo adiós, porque es como si durante  esos últimos breves segundos, que generalmente no alcanzan el minuto, acentúa su fulgor  mientras sus rayos bailan la despedida para asegurarnos que no es una muerte definitiva, que aunque lentamente vayan cayendo las sombras, persiste la promesa de un nuevo amanecer.
Y aunque me encanta el soneto de Federico Bermúdez Ortega dedicado a la señora que parece una tarde que va a morir, tan honda de sus ojos la intensa languidez y el velo de infinita tristeza evocadora que cae sobre la cera de su anemiada tez,  pienso que al menos en nuestra isla tropical en cada atardecer  late la amenaza que le hace Salomé Ureña al invierno, cuando le dice que llegue en buena hora más no presuma, ser de estos valles regio señor, que en el espacio mueren sus brumas, cuando del seno de las espumas, emerge el astro de esta región.