viernes, 28 de agosto de 2009

DESPIDIENDO EL VERANO EN BICI


El sábado pasado nos fuimos para The Club Residences Collection @ Guavaberry a despedir el verano montando bicicletas. El calor hacía su agosto pero, a través de las nubes grises, alcancé a ver un rayo de luz que prometía que el sol volvería a brillar, así que a pesar de la lluvia la competencia de bicis se hizo y gozamos un montón.

Con música, algodón de colores, refrescos y payasos comenzó la actividad llenando el lugar de alegría. Fue una tarde diferente, divertida, en la que adultos y adolescentes nos igualamos a los chiquitos porque ¡esos si que saben disfrutar! Los jóvenes calentaron haciendo piruetas de equilibristas, los chiquitos practicaron para coger confianza.

Cuando Paula dio el inicio, mis amigos de Las Brisas se montaron en sus bicis y salieron brisiaos, así que se ganaron la mayoría de las medallas. Comenzamos con la carrera de relevo y el trabajo en equipo de Angélica y Ricardo con sus hijos les dio las primeras medallas.

Isabel Mumy salió decidida con su banderín bien sujeto entre los labios perfilándose ganadora. A Raquel se le trabó la faldita en la cadena de su bici y se fue de bruces arrastrando a Mumy en su caída. Isabel Cookie y Marité vinieron al rescate y unos besitos de Carolina salvaron la situación.

Luego Andrés, aunque al principio estaba renuente a participar, se decidió en último momento y se llevó la medalla de los más chiquitos. Tanto me emocionó verlo encabezar a los otros niños que me uní al clamor que lo motivó a llegar primero a la meta. Sus papás Beatriz y Félix vinieron a tiempo para ver su pechito erguido y su carita feliz al recibir la medalla de manos del Señor Payaso.

Simón y José después de ganar la competencia de relevo con sus papás, volvieron a ganar en la categoría correspondiente a su edad. Me imagino que como tienen mucho espacio en Guavaberry para practicar cada vez que vienen a pasar el fin de semana, los chicos se han convertido en verdaderos pros. Y, hablando de practicar, eché de menos a Teresa que se pasó los dos últimos fines de semana previos sacando su bicicleta lista para la competencia, y al final se la perdió.

Las repentinas lluvias nos hicieron correr a buscar refugio y eso fue parte de la diversión, porque una vez bajo techo, allí todos apretujados, comimos hotdogs y helados, armamos la chercha y esperamos a que pasara la llovizna para volver a la carga. Nuevamente la lluvia nos dio tregua y llegó el momento de ¨Mi papá corre más rápido que el tuyo¨, esta vez con la participación de Raúl Ruiz, César Herrera, Ramón Sosa, Daniel Canela y Ricardo Tejada, y éste último volvió a ganarse la medalla, quedando Danny en segundo lugar y mi compadre Raúl en un honroso tercero porque su bici le hizo que se yo cual maldad.

Tuve que marcharme aunque todavía quedaba mucho que disfrutar porque esta vida Juandoliando me tiene socializando más de lo que yo esperaba, y todavía me faltaba el Baby Shower de la hija de Sofía con mis amigas del Bingo Club y por supuesto el Happy Hour de Metro que no me quería perder.

viernes, 21 de agosto de 2009

TGIF



Recientemente acompañé a mi esposo y otra pareja de amigos al campo de golf.  Aunque no soy deportista porque siempre he sido una maleta en la materia,  cuando el día está fresco me encanta manejar el carrito y ver los golfistas jugar.  Así que protegida con una visera y bloqueador solar, cámara en mano y equipados con nuestra neverita llena de cervezas  frías y botellitas de agua, emprendimos la aventura.

Para mí el golf es un deporte lleno de rituales y,  a diferencia de otros deportes que tienen uniformes característicos, la diversidad de las vestimentas que usan los golfistas es lo primero que llama mi atención, ya que con la excusa de que resulten llamativas para evitar se les pegue un bolazo mal tirado, hay muchas tan pintorescas que realmente se exceden.

Se empieza en el tee de salida del hoyo uno y como lo que disponen las reglas es practicar un rato antes  en el driving wrench, para calentar, si no se hace comienzan a fallar los swings.

La meta es hacer algunos pares y birdies, incluyendo algunos boggies, pero si se empieza con varios doble boggies, la bola cae en una trampa,  al agua, o se tripotea, seguro que el jugador está en problemas.

Ya es cerca del mediodía,  el juego no está marchando muy bien y  se tiene la excusa perfecta para empezar a beberse la primera cerveza.  Con todo y que está soplando buena brisa y todavía no hace tanto calor,  la primera fría siempre provoca un ¡Ahhhhhh!, y a partir de ahí comienzan a mejorar los tiros.

En la próxima salida la bola va derechita atravesando el fairway, por suerte no torció hacia  la  izquierda porque los roughs están muy altos y se coge una pela tratando de encontrarla.

Si sale un mal tiro, siempre le echan la culpa al caddie por insistir en que usen una madera en lugar de haber utilizado un hierro.

Terminada la primera ronda, el juego no ha ido tan mal después de todo, porque el hándicap  ayuda a rebajar algunos tiros.

Lo malo es que en el próximo hoyo, la bola se va para un monte, entonces hay que desmontarse de los carritos y fajarse a buscarla  Esta es la excusa perfecta para beberse otra cerveza y que el tiempo que se pierda se utilice agradablemente, no sin antes haber tirado la foto de los golpes en el suelo con el palo para desquitarse del pique, porque  a bola perdida, puntos de más agregados.

En esto recibo una llamada,  es mi hija que me llama y me pregunta dónde estamos porque  el teléfono de la casa nadie lo contesta.  Le cuento entonces las penurias que pasamos tratando de encontrar la bola y suelta una carcajada cuando me dice que mientras ella, al igual que tantos otros,  se afanan en la capital y tienen desde temprano como status de su Facebook las siglas TGIF (Thanks God it´s Friday)  para nosotros aquí en Juan Dolio cualquier día puede ser un viernes.

miércoles, 12 de agosto de 2009

EL ENCANTO DE RECIBIR VISITAS


Hay quienes buscan la soledad, y yo me incluyo porque a veces me gusta retirarme un rato para pensar, orar o simplemente leer un buen libro, pero indudablemente los seres humanos somos gregarios desde niños. Por eso muchas personas se deprimen cuando están solas y creen que estando en una ciudad rodeadas de gente y mucho ruido están acompañadas, cuando la verdad es que estar solo en una multitud es una de las peores formas de soledad.

Si vives en Juan Dolio, o tienes una casa o apartamento para vacacionar en la zona, es muy probable que recibas muchas visitas, compartas y realices actividades con tus vecinos, familiares y amistades.

Imagínense yo que estoy casada con un coleccionista de amigos, porque así como hay gente que colecciona sellos, memorabilia y hasta ranitas de cerámica, mi esposo colecciona amigos. A algunos los conoce desde la infancia, compañeros de clases de primaria hasta la universidad que, a diferencia mía que soy una despistada, a todos recuerda; vecinos desde que era un niño, gente con quienes trabajó alguna vez, jugó pelota, caminó en el Mirador o juega golf, tantos que si me pongo a contarlos no termino.

A esto se agrega que tengo una familia larga, formada por muchos hermanos, cuñados, sobrinos y nietos para solo mencionar algunos, y cuando añadimos la familia política de todos, como le gusta a mi hermana Esmirna, es fácil que en cualquier reunioncita lleguemos a cien personas.

Cuando esto sucede se arma tremenda barahúnda, especialmente a la hora de la comida, donde hay que gritar: ¡Sálvese quien pueda!, y en menos que canta un gallo, probablemente se consuma cualquier cantidad de carne, si es un BBQ, o una olla enorme de sancocho u otro tipo de caldo o guiso a los que somos aficionados en la familia. Disfrutar de una familia tan grande es un privilegio que no todos tienen, aunque también es cierto que puedes quedar exhausta.

Otras veces recibo la visita de grupos de amigos que vienen, generalmente los domingos, traen postres, bebidas o picaderas y se arma el can en la terraza y en la piscina, donde los niños juegan, ríen o corren y los adultos disfrutamos unos traguitos conversando y viendo gozar a los niños.

Cualquier día de la semana es muy común nos visite un vecino o alguien que esté en el área, sobre todo gente que tiene una construcción en proceso y viene a refrescarse un rato, beber agua o botar el golpe de bregar con los obreros.

Pero mis preferidas son las visitas en que nos reunimos solo un grupito de amigas, entonces puedes conversar sobre todos esos temas que siempre tenemos pendientes las mujeres, almorzamos, no sin antes beber un vinito, una cerveza o un refresco, para cerrar con broche de oro compartiendo solo una probadita del postre, porque a todas nos preocupa estar pasadas de libras y finalmente el cafecito, para darnos cuenta que se nos quedaron cosas que no pudimos contar y que por tanto hay que programar enseguida cuándo será la próxima juntadera.