jueves, 11 de abril de 2013

BUSCANDO A RICITOS DE ORO




Valeria sospecha que en cualquier momento Ricitos de Oro puede llevarse sus biberones, porque ya va siendo hora de que los deje y así se lo prometió a su mami,  para que no le pase como al Osito, al que,  tras acostarse en su cama, Ricitos le rompió la sillita y le comió su avena.  Así que le prometí que trataría de hablar con ella para negociar que le deje los biberones hasta que cumpla los seis años, que será en octubre próximo.
Como toda abuela que se jacte de serlo, quise cumplir mi promesa, por lo que sube que te sube, me fui a la montaña ya que según los rumores  habían visto una cabecita dorada en el Restaurante Aubergine que está en Cambita.
Subiendo, subiendo y subiendo al fin llegué a lo alto del monte donde está ubicada esta casita de cuentos de hadas que aparece de pronto en medio de la neblina, rodeada de vegetación, en un camino bordeado con  miles de florecitas amarillas,  de las que parecen flores del sol enanas y que crecen silvestres, ¡no se te ocurra cortarlas porque enseguida mueren!
La gente friolenta debe ir bien abrigada,  porque la temperatura varía considerablemente de la que nos vemos obligados a soportar en la ciudad, producto de haber sustituido los verdes árboles por torres grises y de todos los colores y zoológicos de metal con aviesos animales que espantan los niños.
En lo que esperaba a la Ricitos, quise beberme un vinito, con lo que además de calentarme me puse a tono para sostener la seria conversación en la que le prometí a Valeria conseguiría unos cuantos meses más de gracia,  en lo que se acostumbra a desprenderse de sus bibes.
La picadera de salchichas muy a tono con el ambiente alemán de los cuentos,   pero no pueden faltar las berenjenas que le dan el nombre al sitio, y que cocinan de muchas maneras, todas ricas.
Terminamos el almuerzo con un exótico helado de aguacate bañado con mermelada de berries porque en este escondite en la montaña no dudo se den cita otras amiguitas  de Ricitos como la Fresita y todas las que se inspiran en estas frutillas para darle color y olor a sus atuendos.
Finalmente logro conversar con la traviesa Ricitos de Oro, que estaba aparentemente muy tranquila sentada esperándome en un sofá, debajo de la escalera a la entrada de la casita, pero rodeada de amenazantes dragones, dispuestos a lanzar llamas, pero ante mi firme promesa de entregar los biberones de Valeria, acordamos que  en octubre vendrán a celebrar su cumpleaños  y ¿quién sabe?, el final de las historias ha ido variando con el tiempo pero a mi niña hermosa le deseamos que sean siempre felices.

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